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“Horizontalizar” las relaciones de la familia, clave para prevenir la depresión

SANTO DOMINGO. En 2015 la depresión fue una de las principales causas de muerte a nivel mundial. Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que 300 millones de personas padecen esta enfermedad mental que, de no ser tratada, puede terminar en el suicidio.

“Está caracterizada por una negación del sí mismo, una visión negativa de uno mismo, la visión negativa del futuro y la visión negativa del entorno, lo que se conoce como la tríada de la depresión”, explica el psiquiatra Antonio del Orbe.

Si bien podría tener señales notables como el ánimo triste y la anhedonia (incapacidad de sentir placer y falta de motivación para hacer cualquier actividad), un tipo de depresión -la subclínica- no ofrece síntomas a la familia de que alguno de sus miembros necesita apoyo emocional.

“La persona está absolutamente normal, pero debajo de toda esa escena que puede mantener y sostener por cierto tiempo y la buena socialización está un grado de insatisfacción muy grande”, señala Del Orbe.

“Entonces, frente a un detonante muy grande de la vida la persona estructurará rápidamente unas ideas de muerte y consecuentemente va a actuar en contra de sí mismo”, alerta el especialista de la salud mental.

Entre los jóvenes pueden manifestarse actitudes menos asociados a personas deprimidas. “Hay situaciones en las que el individuo se comporta con parquedad, irascibilidad, con cierta violencia. Es una de las maneras más difíciles de determinar que un joven o adolescentes está realmente deprimido”, indica.

Aunque lo peor que podría suceder es la muerte provocada por la misma persona, existen otras consecuencias menos drásticas pero que perjudican la calidad de vida del individuo entristecido. Por ejemplo, a nivel cognitivo la depresión perjudica la memoria y la capacidad de aprendizaje.

“Estudios han mostrado que la memoria disminuye cuando hay depresión. Incluso se ha diagnosticado a personas de mediana y tercera edad con falta de memoria, con demencia, que en verdad lo que tiene es una gran depresión. El fallo cognitivo es muy característico de esta enfermedad”, resalta Del Orbe.

“Vigilar nuestra área de responsabilidad”

¿Qué puede hacer la familia para evitar la depresión de sus miembros? ¿Cómo puede prevenir el perjuicio de esta silenciosa enfermedad?

“Vigilar nuestra área de responsabilidad. Si una persona cambia de hábitos, comienza a aislarse, a sentirse malhumorada, tratar de conversar. Fomentar la fe y la comunicación en los hogares es vital. Volver a retomar esa área de responsabilidad tan grande que es la casa, que son los hijos. Conversar con ellos, bajar hasta ese nivel. Horizontalizar las relaciones humanas: hacernos falta”, recomienda el psiquiatra.

“Hace falta que nos hagamos falta, que tengamos al otro en un constante cuido. Significa que podemos oírlos, comunicarnos, que estemos ahí para soportarlos, para aguantarlos, para servirles de plataforma y estar ahí abrazando en todo momento lo que es la familia”, expresa.

“Si nosotros logramos rescatar esas cosas, entonces yo creo que tenemos la solución a los trastornos del estado de ánimo”, enfatiza el especialista.

En su opinión, el tratamiento médico de esta enfermedad debe ser enfocado más en terapia que antidepresivos. Partir de la idea de que los psiquiatras y los psicólogos deben ser consultados antes de que la persona se encuentre en un estado profundo de la enfermedad.

“No estamos para atender a enfermos mentales crónicos, sino que todos los seres humanos, los primos, los vecinos, el mecánico, el médico, todos necesitan ir al terapeuta alguna vez en su vida”, aconseja.

El doctor Antonio del Orbe brinda consulta popular en la Fundación de Cruz Jiminián.

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